Las Bondades del Conflicto

Por Isabel Galiardo

Manejar el conflicto de manera constructiva es una experiencia muy similar a la de viajar. Por un momento abandonamos el confort de nuestra casa, de nuestras costumbres, para adentrarnos en un nuevo mundo de sabores, colores, sonidos, valores y perspectivas nuevas. Aparcamos el miedo a lo desconocido y exploramos nuevos horizontes y puntos de vista a pesar de la incomodidad que le causa a nuestra mente no contar con las referencias habituales.

Cuando volvemos a casa de un viaje, llegamos enriquecidos y transformados, de la misma manera que después de un conflicto, manejado con apertura y consciencia, no volvemos a ser los mismos, pues habremos ganado en conocimiento propio y ajeno, habremos expandido nuestros limites y habremos crecido.

Evitamos el conflicto porque lo asociamos con momentos de desencuentro y con dolorosas y estériles discusiones que generan distancia y resentimiento. La mayoría de los conflictos se originan a partir de minucias y van escalando hasta descontrolarse o enquistarse.
¿Como puede ser que algo tan pequeño pueda desestabilizar tanto una relación? No es tanto el hecho en si sino como nos afecta, lo que despierta en nosotros. Cuando nuestra identidad se siente amenazada nos volvemos defensivos y deja de existir espacio para el dialogo. Nos vamos rigidificando en nuestra postura y alimentando la imagen enemiga del otro. La parte de nosotros que reacciona es inconsciente, lo que significa que no tenemos demasiado conocimiento de quien esta peleando dentro de nosotros, ni de como parar el proceso. Cuando funcionamos en piloto automático nuestra vida se reduce a una suma de comportamientos reactivos y repetitivos que nos hacen sentir atrapados en el día de la marmota.

Cuanto mayor es la intimidad entre las personas más probable es la posibilidad de que surjan reacciones regresivas. En el seno de la pareja reproducimos los viejos mecanismos adaptativos y los patrones defensivos que aprendimos en la infancia, por ello lo primero que necesitamos es dirigir la mirada hacia nuestro interior para gestionar nuestras emociones y darnos cuenta de qué se ha activado en nosotros.

Atender con empatía nuestro malestar nos permitirá reajustar nuestro punto de vista. La auto-empatía nos ayuda a acoger nuestros miedos y nuestro dolor y a establecer un dialogo con nosotros mismos. Una vez nos proporcionamos la comprensión y el consuelo que necesitamos, podremos permanecer abiertos y flexibles. Esta habilidad se desarrolla con practica. Cuanto mas presentes estemos, mas espacio habrá para escoger conscientemente en lugar de ser arrastrados por nuestro condicionamiento. Es imprescindible conocer los patrones que emergen en nosotros cuando aparece el conflicto, la consciencia de los mismos nos permitirá evitar caer en los viejos hábitos.

Las parejas que cultivan habilidades para manejar el conflicto se vuelven mas conscientes y respetuosas consigo mismos y con el otro. El conflicto puede ser una oportunidad de conexión y aprendizaje en la que transmutar las viejas heridas personales y conectar a un nivel mas profundo e intimo. Aprender como transformar el dolor y la defensividad  es clave para establecer un dialogo abierto y respetuoso que fomente el amor y la confianza a pesar de nuestras diferencias.

‘’En todo debate intelectual ambas partes están en lo correcto en lo que afirman y en lo incorrecto en lo que niegan.’’ – John Stuart Mill

Trabajo con parejas e individuos. Si desea reservar una sesión privada conmigo, póngase en contacto aquí.

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